Luchas por tener la figura perfecta, te esfuerzas al máximo por desarrollar la musculatura que te parece ideal. Se te va la vida en bajar la panza, en construir tu cuerpo, en disciplinarte lo suficiente para seguir yendo al gimnasio a pesar de todo, contra viento y tormenta.
Sin embargo, y como todo en la vida, hacer ejercicio en exceso puede traerte más problemas de los que soluciona. Definitivamente ejercitarte es una acción muy saludable que te llena de energía y ayuda a conservar tu cuerpo joven por más tiempo, pero si te sobre entrenas, tu cuerpo no tardará en advertirte de las consecuencias.
Síntomas como la fatiga, exceso de sueño, falta de apetito, entre otros, son indicadores muy claros de que algo no está funcionando como debe. También pueden aparecer moretones u otro tipo de lesiones en tu cuerpo, específicamente las áreas que ejercitas con mayor intensidad. Esto es aun más grave, ya que significa que no sólo te estás excediendo, sino que además te estás haciendo daño.
Pero no debes alarmarte, todo tiene solución y estos casos no son la excepción. Lo primero que debes hacer es localizar la causa de tu súbita adicción al ejercicio. Normalmente nos enfocamos en actividades de forma excesiva cuando tenemos problemas con otro aspecto de nuestra vida, ya sea en la casa, la escuela, el trabajo o cualquier otra área.
Puede ser también que lo hagamos para ocultar un desorden alimenticio o alguna carencia vital para nosotros.
Debemos localizar este problema y atacarlo de raíz con las herramientas indicadas, las cuales generalmente incluyen tratamiento psicológico, terapias ocupacionales y otro tipo de terapias. También debemos valorar siempre el poder de una conversación profunda con alguien de nuestra completa confianza.
El apoyo de amigos y familia siempre es importante para superar nuestros problemas, sin importar qué los ocasione.
Y bueno, una vez que has localizado la raíz del problema y has puesto manos a la obra para solucionarlo, puedes pasar al siguiente paso: poner en armonía tu cuerpo.
Debes tomar en cuenta que por el exceso de ejercicio tu cuerpo está exhausto, así que un primer paso es el reposo total. Al contrario de otras ocasiones, en que debes reducir gradualmente la actividad física, aquí necesitas cortar de tajo y descansar plenamente para dar a tu cuerpo la oportunidad de sanar todo el desgaste y lesiones que pueda haber sufrido.
El siguiente paso, después de haber descansado lo suficiente y que tu cuerpo se ha normalizado, también tus hábitos de sueño y alimentación deben haber recuperado su nivel normal, entonces puedes reiniciar alguna rutina de ejercicio, pero antes de hacerlo te recomendamos que asistas con algún nutriólogo y un médico para encontrar el nivel de ejercicio ideal para tu cuerpo.
En base a esto puedes generar, con la asesoría de un entrenador, la rutina adecuada para ti, de forma que no pongas en riesgo tu salud y el ejercicio sea lo más provechoso posible.
Recuerda que todo en exceso es dañino, así que si tienes ganas de hacer mucho ejercicio está bien: es importante siempre dar el cien por ciento, pero no exageres intentando hacer cuatro horas diarias de ejercicio cuando tu cuerpo no está acostumbrado.
La mayoría de la gente tiene un nivel amateur de condición física, y una que otra vez se excede para ganar una cascarita o alguna carrera ocasional con algún amigo, pero es muy diferente intentar alcanzar de inmediato un nivel profesional, tanto en habilidad como en rendimiento físico. Esto es simplemente imposible.
Vayamos poco a poco y veremos cómo nuestro cuerpo va dando frutos de forma creciente, y así pronto llegaremos al nivel deseado. Bien dice el dicho: “Más vale paso que dure, que trote que canse”.