Conocemos muy bien lo importante que es incluir a la vitamina C en nuestra dieta diaria, y sabemos también que una fuente muy común de esta vitamina son las frutas cítricas como el limón, la naranja y la mandarina.
Nos han repetido hasta el cansancio que el ácido ascórbico (vitamina C) es necesario para aumentar nuestras defensas en contra de cualquier germen que pueda causarnos un resfriado, sobre todo en tiempos de frío.
Estamos conscientes de lo necesaria que es esta vitamina para nuestra vida moderna, pero muchas veces el conocimiento que tenemos acerca de los beneficios de esta sustancia es poco, comparado con lo que realmente nos brinda.
Empecemos por decir que la vitamina C es una vitamina hidrosoluble, esto quiere decir que se disuelve en agua y, por lo tanto, es eliminada por la orina. Caso contrario de esto son las vitaminas liposolubles, que se almacenan en los tejidos grasos del cuerpo.
Debido a sus propiedades de eliminación, nuestro cuerpo no conserva cantidades excesivas de vitamina C, sólo utiliza lo necesario y lo demás lo deja ir, por lo que es necesario consumir esta vitamina todos los días para mantener el contenido corporal en un nivel óptimo.
Una persona normal, sin ser fumador, debe consumir aproximadamente 60 miligramos de ácido ascórbico todos los días. Esto equivale más o menos a un vaso de jugo de naranja, que debe beberse antes de que hayan pasado 20 minutos tras su extracción para evitar cualquier degradación en sus propiedades.
Los fumadores necesitan consumir un poco más de vitamina C para permitir que sus virtudes tengan un efecto óptimo en sus organismos contaminados. Esto pone las cantidades de ácido ascórbico en unos 100 miligramos mínimo, diariamente.
En cuanto a un máximo de consumo, no se puede hablar de una cantidad realmente ingerible de vitamina C, pues además que consumir cantidades altas de esta vitamina es algo muy conveniente, por su amplia cantidad de usos, su rápida eliminación reduce las cantidades excesivas rápidamente.
Aun así, se han dado casos de cálculos renales o diarrea producidos por un consumo elevadísimo. Sin embargo, son casos muy escasos de intoxicación.
En cuanto a sus beneficios, haciendo un resumen de todo lo bueno que la vitamina C hace en nuestro cuerpo, podemos mencionar que ayuda a la conservación de músculos y huesos, gracias a que interviene en la producción de colágeno, una sustancia que se encarga de brindar estructura y unión a las células de nuestro cuerpo. También es importante en el mantenimiento de las encías, dándoles un aspecto saludable.
Ayuda al buen funcionamiento del sistema inmunológico, reforzando nuestras defensas contra las enfermedades infecciosas. También mejora la cicatrización de los tejidos y su recuperación tras cualquier herida.
Tiene un efecto antioxidante, esto significa que combate los radicales libres. Éstos son partículas de oxígeno que no son absorbidas y atacan a las células, provocando oxidación y deformaciones, lo que da lugar a enfermedades como el cáncer y algunas afecciones cardiacas.
Esto significa, en pocas palabras, que la vitamina C ayuda a prevenir el cáncer.
Es útil en la absorción del hierro, esto es importante especialmente para quienes siguen una dieta vegetariana, pues son más propensos a sufrir anemia por falta de este mineral, y cuando consumen vitamina C ayudan a su cuerpo a absorberlo de forma natural.
Algo maravilloso sobre el ácido ascórbico es que puede obtenerse de un sinfín de fuentes, además de las frutas cítricas. Algunos ejemplos son el brócoli, el jitomate, el cilantro, la papa y muchos otros vegetales que contienen las mismas cantidades e incluso cuatro o cinco veces más de vitamina C.
Así que beber un buen jugo de naranja todas las mañanas resulta mucho más saludable de lo que podías imaginarte.