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Por Carlos A. Ruiz

En algún momento de nuestras vidas, todos o al menos la gran mayoría de los seres humanos, hemos pasado por episodios en que sentimos un ardor en el área del estómago. Este ardor luego llega a convertirse en una quemazón insoportable que puede incluso tumbarnos y dejarnos postrados durante minutos u horas.

Esto normalmente es lo que puede causarnos un ataque de gastritis, que es la inflamación de la mucosa del estómago, comúnmente debida a la acción de una bacteria, aunque también tienen mucho que ver factores alimenticios (consumo excesivo de alimentos, irritantes o platillos condimentados), el consumo de alcohol, tabaco, estrés y el uso de algunos medicamentos como antiinflamatorios y antirreumáticos. La aspirina también es un modo efectivo de desarrollar gastritis.

Esta afección del sistema digestivo puede ser aguda, esto es que aparece súbitamente y desaparece después de unos días, o crónica, cuando persiste durante años y produce complicaciones como la úlcera péptica.

La gastritis puede causar dolores tan intensos que pueden llegar al pecho, o provocar acidez, náuseas, e incluso vómito. Es un mal bastante doloroso que puede llegar a inmovilizarnos durante periodos extensos de tiempo, por lo que se vuelve además muy inconveniente para nuestra vida moderna.

Algunos de los alimentos que pueden beneficiar a la gastritis (y, por ende, dañarnos a nosotros), son: leche condensada, quesos fuertes, carnes fibrosas, condimentos, pan fresco tipo baguette, chocolate, fruta no madura, frutas ácidas o en almíbar, café, té o cualquier bebida con extracto de café o guaraná. Refrescos, sopa en cubitos, grasas de origen animal, concentrados, miel, frituras, entre muchos otros.

Esto suena un poco terrible, ¿cierto? Pareciera que todo lo rico que podemos comer está en esta lista, pero también contamos con un vasto arsenal de alimentos recomendados para no despertar a esa bestia en nuestro estómago, e incluye a alimentos como: leche fresca, yogurt descremado, carnes magras, pescado, huevo, papas y legumbres, cereales, verduras y hortalizas, frutas frescas maduras, agua, caldos diluidos y desgrasados, aceites de oliva, girasol, mayonesa, y muchos más.

Es importante también notar que cada cuerpo reacciona de manera diferente a cada alimento, y lo que a unos puede resultarles dañino, a otros puede caerles realmente bien, por eso es importante ir probando qué es lo que a nosotros nos viene bien. Es como ir probando distintas prendas de ropa hasta encontrar la combinación ideal.

Aunque sí existen algunas recomendaciones generales que a nadie hace daño seguir. Son pasos muy sencillos para prevenir el malestar y que, aunque no suframos de una gastritis crónica, nos harán sentir mejor:

  • Debemos variar los alimentos que consumimos, de esta forma obtendremos no sólo los nutrientes necesarios en cantidades suficientes, sino que aprenderemos perfectamente qué alimentos nos causan molestias y cuáles nos hacen sentir mejor.
  • Distribuir los alimentos del día en cuatro o cinco sesiones: desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena. De esta forma, no sobrecargaremos a nuestro estómago y tampoco sufriremos hambre. El desayuno y la comida deben ser más consistentes que el resto, pues son nuestra principal fuente de energía. El almuerzo y la merienda deben ser más ligeros, aunque deben brindarnos suficiente energía. La cena, finalmente, debe ser muy ligera, de forma que podamos prepararnos para el sueño.
  • Prefiramos los alimentos jugosos, pues no necesitan tanta grasa para cocinarse adecuadamente.
  • Evitar consumir los alimentos demasiado calientes o fríos, ya que las temperaturas extremas provocan irritación.

Éstos son sólo algunos de muchos consejos que pueden darse para evitar la gastritis, y si los seguimos cuidadosamente, veremos que podemos llevar una alimentación normal sin sacrificar el gusto del paladar, y sin temer al doloroso ardor en el estómago.