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Por Carlos A. Ruiz

El colesterol es una grasa esencial para el buen funcionamiento del cuerpo, aunque en los últimos años los medios de comunicación nos han bombardeado con información acerca de lo peligroso que puede ser tener un nivel elevado de esta sustancia en la sangre, lo que puede desencadenar serios problemas cardiovasculares y poner en riesgo nuestra vida.

Esta información ha sido científicamente comprobada, lo que nos lleva a pensar que el colesterol es definitivamente dañino para nuestra salud. Ahora bien, aquí es necesario aclarar que existen dos tipos de colesterol, y aunque en exceso resulta peligrosa, no deja de ser necesaria para nuestro cuerpo.

Pero comencemos desde el principio: El colesterol es una grasa que se encuentra únicamente en los animales. Los vegetales no producen colesterol, aunque sí producen otro tipo de grasas.

Esta sustancia es producida en el hígado y nuestro cuerpo la utiliza principalmente para producir las membranas que protegen a las células, sintetizar varias hormonas, como la cortisona y las hormonas sexuales, y fabricar ácidos biliares, los cuales son esenciales para formar la bilis y la digestión de las grasas en el intestino.

Existen dos tipos de colesterol, que comúnmente conocemos como colesterol “bueno” y colesterol “malo”. El primero es el colesterol unido a una lipoproteína de alta densidad (HDL o High Density Lipoprotein) y su labor en el cuerpo es llevar al colesterol de los tejidos del cuerpo (arterias, venas, etc.) al hígado, donde será procesado.

El colesterol “malo”, por su parte, está unido a una lipoproteína de baja densidad (LDL o Low Density Lipoprotein), el cual realiza la acción opuesta: lleva al colesterol del hígado a los tejidos, para que lleve a cabo sus funciones indicadas. Este colesterol es considerado peligroso únicamente cuando se encuentra en exceso, ya que puede causar severos problemas en nuestro sistema circulatorio y a nuestro corazón.

Estos problemas se producen cuando a causa del colesterol se deposita una cantidad excesiva de grasa en las arterias de todo el cuerpo, lo que da lugar a la arteriosclerosis, que es el endurecimiento y engrosamiento de las paredes de las arterias, que puede causar bloqueos y problemas cardiovasculares muy graves, y llevar incluso a la muerte.

Por esto es muy importante controlar el nivel de colesterol LDL en nuestra sangre, y para lograr esto tenemos varias herramientas a nuestro alcance. La primera herramienta y la más sencilla es simplemente mantener hábitos de vida saludables; esto significa alimentarnos sanamente y hacer ejercicio al menos 20 minutos diarios, cinco días a la semana.

Una alimentación sana debe contener productos de todos los grupos alimenticios: fibras y cereales, verduras, frutas, lácteos y carne. Debemos consumir estos productos en un balance suficiente para que nuestro cuerpo pueda procesarlo sin problemas.

Para el propósito específico de controlar el colesterol se recomienda consumir pescados ricos en Omega 3, un ácido graso que nuestro cuerpo no produce y por tanto debemos consumir por medio de los alimentos o algunos suplementos alimenticios.

Este ácido graso beneficia a nuestro cuerpo al promover la generación de colesterol HDL (“bueno”) y, por lo tanto, ayuda a disminuir los niveles de colesterol “malo”.

En cuanto a vegetales que ayudan a disminuir el colesterol, se recomienda especialmente consumir peras, manzanas, avena, nueces, ajo y cebolla, los cuales además son ricos en fibra y ayudan a una buena digestión de los alimentos.

También se recomienda sustituir las grasas de origen animal por grasas vegetales, sobre todo el aceite de oliva. De esta manera se prevendrá la acumulación de grasas en las arterias y nuestro sistema circulatorio se mantendrá saludable.