A todos nos ha sucedido, seguramente en más de una ocasión, que cuando nos recostamos en la cama encontramos imposible conciliar el sueño: los párpados parecen rebelarse y se niegan a ser cerrados, la mente comienza a revolotear sin control, yendo de un pensamiento a otro hasta el hartazgo.
En estas ocasiones intentamos consolarnos pensando en cosas que son importantes para nosotros, pero en realidad estamos cansados y no podemos concentrarnos en algo concreto. Siempre terminamos por sorprendernos pensando en algo completamente irrelevante y, en ocasiones, hasta ridículo.
Nuestro cuerpo pide relajación, así que realmente nos falla la voluntad y lo único que hacemos es dar vueltas en la cama, cambiando de posición constantemente, intentando alcanzar la comodidad óptima.
Eso es el insomnio: un desorden del sueño que resulta muy común e incluso es normal, siempre y cuando ocurra esporádicamente. Si, en cambio, es algo que te sucede muy a menudo y por periodos largos de tiempo (unos 15 días, o noches seguidas), es recomendable que visites a tu médico para que te informe sobre las formas en que puedes combatir tu problema.
Normalmente no podemos prevenir una sesión de insomnio, es algo que nos ataca de improviso y siempre logra su cometido de mantenernos despiertos. Sin embargo, hay varias formas de combatirlo o, más bien, de apaciguarlo, pues a fin de cuentas, lo que se intenta es descansar.
- Tomar un baño caliente ayuda mucho a relajar los músculos de todo el cuerpo, así como a tranquilizar a nuestra mente, que siempre está corriendo de un lado a otro. Es recomendable darse un regaderazo antes de ir a la cama para llegar al sueño en un estado de serenidad.
- Leer un libro propicia un estado de concentración que termina por relajar a la mente. Se recomiendan lecturas tranquilas, que no representen algún factor de estrés para el lector.
- Escuchar música relajante nos sitúa en un ambiente de paz que beneficia en gran medida a nuestra mente. Es importante que la música no tenga cambios dramáticos, que sea tranquila y, de preferencia, sin voz ni letra, ya que estos elementos pueden captar nuestra atención y evitar que alcancemos la relajación deseada.
- Elegir la cama correcta para nuestro tipo de cuerpo, en la que podamos estirarnos y movernos a placer. Si dormimos acompañados, entonces hay que buscar una en la que tengamos suficiente espacio para nosotros, sin intervenir en el espacio de nuestra pareja. También hay que buscar el soporte adecuado para nuestro cuerpo, ya que muchas veces el insomnio es provocado por una mala postura al dormir.
- Elegir la almohada correcta es también parte de lo que se requiere para alcanzar un sueño profundo. Hay quienes prefieren almohadas mullidas y suaves, o un poco duras y con buen soporte para el cuello. Lo importante es encontrar aquella con la que mejor nos acomodemos, que se adapte a nuestro cuerpo.
- Fijar un horario para dormir nos beneficia, ya que si acostumbramos a nuestro cuerpo a ir a la cama en cierto horario, él mismo aprenderá a avisarnos cuando sea la hora de dormir, y de esta forma podremos estar siempre confiados en dormir plenamente.
- Dormir 8 horas seguidas, sin interrupciones, es de lo más básico cuando se refiere al sueño. Si por alguna razón tenemos que levantarnos por la noche o antes de cumplir nuestro ciclo de sueño, este trastorno, aunque inicialmente pequeño, puede desencadenar un insomnio bastante incómodo, ya que estaríamos acostumbrando a nuestro cuerpo a dormir en intervalos cortos, y así despertaríamos “automáticamente”, aun sin necesidad.