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Por Carlos A. Ruiz

¿Qué sucede con esas playeras que muestran grandes arcos de humedad alrededor del cuello y las axilas? ¿Qué sucede con esas personas que transpiran demasiado? Éstas son preguntas que normalmente se hacen con algo de desagrado, por no decir asco, y es que el sudor se considera como algo molesto y antihigiénico.

En realidad la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿por qué algo tan natural nos parece tan desagradable?

En muy pocas ocasiones nos detenemos a pensar en que el sudor es una función que nuestro cuerpo realiza con una razón muy sencilla y, sobre todo, saludable: regular la temperatura del cuerpo, de forma que no suba demasiado y pueda provocarnos daños muy graves.

Para ver esto más de cerca hay que recordar las ocasiones en que hemos sufrido fiebre: la temperatura de nuestro cuerpo se eleva más allá de los límites normales, y esto tiene efectos muy severos en nuestra salud. Una fiebre descontrolada puede llegar a matarnos sin problema.

De esta forma, cuando realizamos actividades físicas intensas, nuestra temperatura corporal se eleva, provocando la reacción de los millones de glándulas sudoríparas que tenemos distribuidas por todo el cuerpo, justo debajo de la piel, y que se encargan de producir una mezcla de agua, minerales y otras sustancias, lo que llamamos comúnmente sudor.

Normalmente relacionamos a este líquido con olores desagradables, sobre todo provenientes de la región de las axilas. Esto se debe particularmente a dos razones distintas: la primera es que en algunas ocasiones nuestro sudor puede contener sustancias aromáticas, sobre todo cuando hemos ingerido alimentos con esencias fuertes, como ajo o sardinas.

La segunda razón tiene que ver directamente con el tipo de glándulas que segregan el sudor. Hay tres tipos de glándulas sudoríparas en nuestro cuerpo: ecrinas, apocrinas y apoecrinas.

Las primeras son las principales en la regulación de la temperatura corporal y se encuentran distribuidas por todo el cuerpo. Las segundas segregan un sudor más denso y se encuentran en las axilas, pezones, entre otros. Las apoecrinas tienen unas características intermedias entre las dos anteriores y en los humano se encuentran fundamentalmente en las axilas.

Las glándulas apocrinas son las que precisamente segregan el fluido aromático que caracteriza a cada persona. En los animales este mecanismo es muy importante para identificarse y comunicarse a través de sus olores individuales.

Aquí cabe mencionar que la regulación de la temperatura corporal es un privilegio exclusivo de los mamíferos y las aves. El resto de los animales depende casi por completo de la temperatura ambiental y los cambios que se presenten.

Pero el sudor es más que un regulador de temperatura. También es una forma de purificar nuestro cuerpo, ya que a través de este líquido expulsamos muchas toxinas que de otra forma dañarían nuestro sistema gravemente.

Eso sí, tampoco hay que pensar que un baño de sudor es más saludable que un buen regaderazo. Si no limpiamos el sudor de nuestra piel, esas toxinas no serán eliminadas por completo, además que iremos adquiriendo un olor amargo bastante desagradable.

Lo que también debemos considerar es que una sudoración excesiva puede ser resultado de algún trastorno físico al cual hay que ponerle atención. A este trastorno se le llama hiperhidrosis, y puede ser causado por un embarazo, la obesidad, el consumo excesivo de alcohol, entre otros factores.

Cuando se sufre de hiperhidrosis se recomienda utilizar ropa de algodón, sin tejidos sintéticos. Calzado poroso que permita a los pies ventilarse. Bañarse diario, evitar bebidas alcohólicas y café.

También hay que consultar al médico, ya que aunque suele ser un trastorno que no representa mayores riesgos, sí puede desencadenar problemas sociales para quien lo padece, al dar la imagen de ser una persona con mala higiene personal.