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Por Carlos A. Ruiz

Muchas veces nos levantamos sin energía, sin ganas de ir a trabajar. Nos metemos bajo la regadera y empezamos realmente a despertar. Durante el resto del día andamos como zombis, simplemente haciendo lo que debemos hacer y aprovechando cualquier momento de distracción para descansar, evitarnos un poco de trabajo, lo más que se pueda.

Al salir de la oficina, lo primero que pensamos es lidiar con el tráfico a lo largo del trayecto a casa, que algunas veces parece eterno. Cuando finalmente llegamos a nuestro refugio, lo último en lo que pensamos es en salir a correr un poco: estamos demasiado agotados, extenuados tras una abrumadora jornada de trabajo que tendremos que repetir al día siguiente.

Esto parece una tragedia griega sin solución, cuando en realidad es un drama innecesario de la vida cotidiana. Hay un secreto que muchos de nosotros, por exceso de pereza, evitamos ver, y es que el ejercicio nos ayuda a tener más energía a lo largo del día.

A menudo vemos en los parques gente corriendo o caminando a buena velocidad, mientras nosotros, montados en nuestras máquinas, luchamos por mantener nuestros párpados abiertos.

El pensamiento más recurrente en esos momentos es: “¡Que flojera!”, pero son precisamente esas personas las que rinden más en su trabajo, las mismas que, tras la jornada diaria, tienen aún energía suficiente para compartir algunos juegos con su familia, salir al cine o tomarse un café con algún amigo.

El ejercicio no es sólo un gasto de energía. Es además una forma de poner nuestra energía en movimiento. Al realizar actividad física de forma constante, acostumbramos a nuestro cuerpo a manejar el metabolismo de forma acelerada, lo cual significa que transformamos los nutrientes de los alimentos en energía de forma más eficiente.

De esta forma, nuestro cuerpo dispone de mucha más energía para llevar a cabo todas sus labores, y así, nosotros podemos hacer más de lo que hacíamos antes de tener una rutina de ejercicio.

Esto también significa que estaremos más despiertos y alertas durante todo el día. Nos sentiremos ligeros y dispuestos para realizar nuestro trabajo, estaremos de mejor humor y nos sentiremos más seguros de nosotros mismos.

Si ahora están pensando en que todo esto está muy bien, pero no les alcanza el tiempo para hacer ejercicio, se equivocan. Se ha comprobado en muchas ocasiones que bastan sólo unos minutos de ejercicio al día para ayudarnos a volver a la vida.

En algunas empresas, por ejemplo, se llevan a cabo rutinas de quince minutos de duración durante la mañana, donde todos participan y, además de convivir y generar un espíritu de equipo, la salud general de los participantes mejora, y con ello su productividad y satisfacción en el trabajo.

Si tu lugar de trabajo no cuenta con este tipo de dinámicas, no hay que preocuparse, pues simplemente puedes tomar una caminata por la noche, o inventarte formas de realizar ejercicio a lo largo del día.

Mejorar tu calidad de vida no es cuestión de ser un genio. Es sólo cuestión de tener la voluntad para levantarte de tu asiento y hacer lo que siempre creíste que no podrías hacer.

En general, se recomienda realizar entre 20 y 30 minutos de ejercicio moderado al día, al menos cinco veces por semana. También es muy recomendable ejercitarnos de forma intensa al menos una vez a la semana. Eso puede hacerse jugando un buen partido de fútbol, o practicando otra clase de deportes que sean más demandantes como el ciclismo, el tenis o incluso el tochito.

Es hora de dejar de ver la vida en la tele. Sentirse como los personajes de los anuncios es posible, sólo hay que poner un poco de nuestra parte y nuestro cuerpo y mente nos lo agradecerán.