En la actualidad de las grandes ciudades, con horarios de trabajo cada vez más extensos y una variedad cada vez más amplia de restaurantes de comida rápida, se vuelve más y más difícil llevar una alimentación balanceada que nos proporcione los nutrientes necesarios y suficientes para conservar la salud y la línea.
Es muy fácil encontrar tienditas y puestos a lo largo y ancho de la ciudad, donde podemos comprar papitas, pan y golosinas que pueden quitarnos el hambre sin problema alguno, y qué decir de los múltiples refrescos, jugos y bebidas saborizadas que igualmente pueden quitarnos la sed.
Aquí lo grave es que estos alimentos y bebidas realmente no presentan beneficio alguno para el organismo, y por el contrario, pueden llegar a dañarlo si consumimos habitualmente estas frituras y harinas procesadas.
Los refrescos contienen altos niveles de azúcar que pueden brindarnos algo de energía, pero a la vez pueden causarnos un daño gravísimo, ya que consumirlos en exceso aumenta el riesgo de padecer diabetes, entre otras enfermedades.
También podemos engañarnos al comprar una torta o una cuenta considerable de tacos, al pensar que estamos consumiendo alimentos más “consistentes y nutritivos” que unas papas fritas. Sin embargo, esto resulta precisamente un fraude para el cuerpo, pues las cantidades mínimas de vegetales que contienen estos platillos contrastan enormemente con el contenido de proteínas y grasas animales que terminan por acumularse alrededor de nosotros en la forma de una barriga y “lonjitas”.
Todo esto resulta normalmente de una búsqueda de comodidad y las prisas de la vida diaria, pero basta realizar un esfuerzo pequeño para encontrar opciones que nos brinden una mayor cantidad de nutrientes a un precio accesible, y que además no afecte nuestra salud.
Un ejemplo es cambiar el pastelito o las papitas por una ensalada de frutas, que puede acompañarse con miel, o se le puede dar sabor con un poco de limón, sal y chile piquín.
Podemos sustituir la torta y los tacos por una ensalada con pollo, aderezada con un poco de vinagreta, o un filete de pescado con guarnición de verduras. Esto resulta muy saludable y conveniente en algunas épocas del año.
Cada vez son más los restaurantes que se preocupan por ofrecer menús saludables para sus clientes, teniendo en cuenta que el tiempo siempre es poco y volver a casa para comer ha dejado de ser una costumbre social.
Hay muchos lugares que ofrecen comidas completas a precios realmente accesibles para cualquier bolsillo. Estos menús diarios incluyen normalmente sopa, arroz, pasta y un plato fuerte que contiene carne y leguminosas.
Estos lugares son una de las mejores opciones para alimentarse sanamente, aunque hay que tener cuidado con el lugar que elegimos y la cantidad de alimento que ingerimos, ya que hay algunos locales donde las porciones son muy abundantes, y esto nos deja con una sensación de saciedad en exceso.
Hay que saber medirse con la comida, pero también hay que saber medir el tiempo que pasamos entre una comida y otra. Algunas veces pensamos que es mejor comer una sola vez durante la jornada, alimentos pesados y “llenadores”, con la idea de que eso compensa el resto de los alimentos que dejaremos de consumir.
Esto es un error grave, ya que los nutrientes que el cuerpo no necesita, los desecha o los almacena. Es así como engordamos y, aunque creíamos que no sufriríamos hambre durante el resto del día, a media tarde el estómago nos pide comida de nuevo.
Es mejor comer equilibradamente durante las horas que estamos activos: desayunar suficiente, almorzar algo ligero, hacer una comida algo más cargada, tomar un tentempié a media tarde y cenar algo ligero. De esta forma nuestra digestión se realizará de manera uniforme y no nos sentiremos pesados en ningún momento del día, aun estando fuera de casa.